Archivos Mensuales: enero 2015

Opinión: El fútbol que nos han impuesto

A Coruña, año 2000. Las calles se tiñen de color blanquiazul. No cabe un alma más en el césped de Riazor. El RC Deportivo de La Coruña se acaba de proclamar campeón de la Liga 1999/2000 en la última jornada frente al RCD Espanyol. Los goles de Donato y Makaay fueron los causantes del histórico éxito deportivista. Decenas de miles de coruñeses celebran esta gran gesta que no se ha vuelto a repetir en 14 años. ¿La razón? Este fútbol que las instituciones rectoras del fútbol español, la RFEF y la LFP conniventes con los “equipos grandes”, como les gusta decir a ciertos periodistas, quieren imponernos.

Si bien es cierto que en la 2001-2002 y en la 2003-2004 la Liga fue del Valencia CF y en esta última campaña se la llevó (en el último suspiro, eso sí), el Atlético de Madrid, los más de diez años de diferencia que separan la última Liga valencianista con la colchonera dan mucho que reflexionar. Demasiado. Pero sólo unos pocos lo hacen, solo unos pocos se dan cuenta de que la situación es insostenible. Que no es lógico que un futbolista se lleve el trofeo Pichichi marcando 50 goles. Recuerdo que, precisamente, en el año que el RC Deportivo fue campeón, el máximo anotador fue Salva Ballesta (Real Racing Club) con 27 goles. Ahora sólo lo son los dos jugadores de siempre y siempre superando los 40 goles por temporada. Es indescriptible la impotencia que uno siente al ver semejante descompensación.

Esto ocurre porque sólo se centra su foco de atención en ellos, poniendo incluso a veces a ellos dos por encima de la Selección Española. De hecho, muchos forofos que ahora se hacen llamar “periodistas deportivos” prefieren que gane el Balón de Oro (otra farsa más) un jugador de su equipo extranjero que uno del otro español sólo por ser del equipo rival. Reflejo del fútbol de hoy en día.

Váyamos al grano. ¿En serio alguien que no es aficionado ni del FC Barcelona ni del Real Madrid soporta esta Liga? No lo creo. Esta Liga no tiene remedio. Nos han impuesto un fútbol en el que las TV y los dirigentes eligen los horarios, un fútbol en el que la entrada más barata para ver un partido de fútbol es de 25 €, un fútbol en el que lo que manda es el dinero, un fútbol en el que sólo dos equipos se pelean por ser campeones (algo que parece no importarles lo más mínimo, al contrario. Cuanto más gente sea de estos equipos, mejor para sus intereses), un fútbol que ha sido absorbido por las SAD, un fútbol en el que el formato de Copa sólo beneficia a los equipos de Primera. En definitiva… un fútbol absolutamente infumable.

Una Competición como la nuestra, que siempre ha movido masas, se ha convertido en un auténtico negocio, en el que los bancos, las constructoras, los magnates o las multinacionales se han adueñado de ella. Desde la irrupción en el año 2007 del BBVA en La Liga, se empezó a fraguar una lenta autodestrucción de nuestro fútbol. Más tarde siguieron con las ventas a los jeques árabes, magnates y grandes empresarios, véase el Málaga CF con Al-Thani, el Real Zaragoza con Agapito Iglesias o el Real Racing Club con el empresario hindú (club que renunció a jugar los 1/4 de Final de la Copa hasta que los “chorizos” del club se marcharan, habiendo de por medio varios conflictos entre dirigentes y afición). Es tan alta la deuda general del fútbol español de élite que clubes como el Valencia CF tuvieron que solicitar que el multimillonario Peter Lim se hiciera con sus acciones para poder sanear el equipo. Lo mismo ocurrió hace dos años con el Real Oviedo, cuando Carlos Slim, un magnate mexicano salvó a la entidad carbayona de una más que posible desaparición.

Lo último ha sido dejar a los equipos sin ultras. Parece que no contentos con imponernos su circo esperpéntico, también quieren quitarnos a la única gente que anima (porque no todos los ultras son violentos). Mejor estar sentado comiendo pipas o viendo el fútbol desde el sofá de tu casa con el Gol Televisión o el Canal+. Lamentable. Esto roza lo demencial.

Qué felices éramos cuando el fútbol sólo era eso. Cuando los equipos podían jugar los partidos prácticamente sin temor a ser liquidados o descendidos debido a deudas, impagos o por causas similares. Los clubes podían competir hasta en la máxima categoría por intentar ganar la Liga. Tiempos felices cuando las entradas costaban no más de 1.500 pesetas; cuando los partidos eran los Sábados a las 20:00 y a las 22:00 y los Domingos a las 17:00, 19:00 y 21:00; cuando los jugadores no se preocupaban más por sus peinados, su físico, salir en programas, anuncios o campañas publicitarias; cuando los árbitros eran un componente más; cuando no sólo “mandaban” dos equipos, cuando el dinero era secundario, cuando las SAD no existían, cuando los estadios estaban llenos y sobre todo… cuando los aficionados mostraban una pasión indescriptible.

Anuncios